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La traición de los adultos

Escribo este texto para ilustrar el magnífico dibujo de Chloé Beny, ilustrar por qué un niño se puede sentir tan mal, tan triste y desamparado.

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Un bebé nace puro, listo para recibir las informaciones necesarias para vivir, sentir,experimentar. Al principio no se diferencia de los padres, tu mundo es su mundo, capta todo de ti.

Sabiendo eso deberíamos ser muy cuidadosos con lo que decimos, hacemos. Hacemos lo contrario, empezamos a sentirnos entendidos gracias a ese bebé, que dice sí a todo lo que viene de nosotros.

Y a sentirse amados así, hacemos la peor elección posible : utilizamos ese poder para validar nuestras elecciones y dominar a nuestros hijos, para asegurarse que ese amor quedará así.

Eso es muy lógico, nunca hemos sentido esa relación con nuestra pareja, tampoco con nuestros padres, es la primera vez que vivimos y sentimos algo tan puro así que queremos guardarlo, preservarlo.

A hacer eso lo destruimos, destruimos la esencia de nuestros hijos. Pero egoístas como somos eso no nos causa tanto problema, tanta culpa. Al final tenemos lo que nos gusta: dominar a otro humano.

Los bebés, que amaban todo desde el principio, todo lo que no amas de ti, ellos lo aceptaban. Pero al querer controlar este amor y transformarlo, al cambiar el amor hacia todo por un amor hacia las cosas que TÚ válidas, lo destruimos, lo reducimos.

Ahora, gracias a esta relación, el bebé que amaba todo, ama sólo lo que TÚ consideras amable.

No es cuando se es bebé que eso pasa, porque antes de los 3 años el bebé no toma decisiones, sino después, a partir de esa edad empieza a tomar decisiones para complacerte y para asegurar el amor que tienes hacia él. Y a partir de ese momento empieza a confundirse, a alejarse de su naturalidad.

Un bebé ama todo, está abierto a todo. Un niño empieza a rechazar lo que sus padres dicen que hay que rechazar, aunque ellos no se dan cuenta de que rechazan o de lo que hacen porque son ellos son su punto de referencia. Pero da igual que no haga lo mismo que ellos, lo que pasa realmente en ese momento es que el niño no está conectado más con lo que siente, se desconecta, desactiva partes de sus sentires, observaciones, para seguir lo que sus padres – conscientemente o no – le sugieren que sienta o no.

Aquí se pierde su autonomía natural, poco a poco, con cada elección definida para ellos y no desde su sentir.

Los adultos de hoy no se pueden dar cuenta de eso porque están confundidos aquí, ellos también han elegido cosas que “no son suyas” desde pequeños.

Y seguimos, generación tras generación, seguimos haciendo lo mismo, no cambiamos esa pauta.

¿Por qué? Porque sufrimos y estamos acostumbrados a sufrir así, porque nadie nos enseñó a observar, escuchar y sentir nuestras elecciones.

Ahora es tiempo de cambiar eso. Vamos a construir nuevas pautas, respetuosas para la autonomía natural del niño y de ti mismo. Poco a poco vas a confiar más en tu sentir, en tus observadores y a descubrir cómo eso cambia la calidad de tu vida.

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